viernes, 24 de abril de 2009

Conferencia sobre racismo: Los asientos vacíos

Con una declaración final adoptada prematuramente, sin margen para el debate; los asientos vacíos de Estados Unidos y otros ocho países con un peso importante a nivel mundial, entre ellos Holanda; sus intentos de boicotear la reunión en protesta por las alusiones a Israel en el caso palestino contenidas en el texto previo; el polémico discurso del presidente iraní que "le echo más leña al fuego", y la retirada de la Republica Checa, que ejerce la presidencia de turno de la Unión Europea, llega a su fin la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, celebrada en la sede de las Naciones Unidas en Ginebra.

Está claro que el nuevo escenario mundial y su complejo engranaje político ha influido en la negociación del documento final de esta Conferencia de Revisión de Durban, donde hace ocho años se fijaron las metas de la comunidad internacional en la lucha contra este flagelo mundial. Su evaluación y ratificación, que debería ser un proceso continúo y, además, constituir una prioridad para todos los países, se vio esta vez empañada por un reducido número de naciones que decidieron aislarse unilateralmente de la acción colectiva de la comunidad internacional.

El boicot de los grandes ausentes
Observadores y diplomáticos consultados por Radio Nederland coinciden en que no es posible un nuevo orden global con boicots como éste, con el que se ha truncado la esperanza de las víctimas del racismo en todo el mundo. Lejos de emprender acciones que generen la equidad, la solidaridad y la justicia social, los grandes ausentes a este examen de Durban se olvidan de su compromiso no solo con sus pueblos, en los cuales también el racismo está arraigado, sino que se desentienden de los problemas de esta índole que pesan sobre las minorías étnicas, los migrantes y otros grupos vulnerables que son objeto de discriminación y exclusión en mundo.

La gota que rebasó el vaso la puso el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, que calificó a Israel de racista. Cito sus palabras: "Después de la Segunda Guerra Mundial, (los israelíes) recurrieron a la agresión militar para convertir en desposeídos a una nación entera con el pretexto del sufrimiento de los judíos (...) Y enviaron a emigrantes desde Europa, Estados Unidos y otras partes del mundo para establecer un Gobierno totalmente racista en la Palestina ocupada. Y en compensación por las espantosas consecuencias del racismo en Europa, ayudaron a otorgar poder al régimen más cruel, represivo y racista en Palestina".

Una declaración que no satisface a nadie
Era de esperar que con este enrarecido clima, en parte avivado por Ahmadineyad, y la politización reinante en el plenario ginebrino, la ONU temiera nuevas deserciones y el consiguiente fracaso de la conferencia, por lo que optó por someter a votación el documento negociado tras muchos percances durante la semana pasada.

En esa declaración aprobada el martes por consenso, se incluye una referencia al Holocausto judío a manos de los nazis y el llamamiento a que no se olvide. Y los países islámicos cedieron en todas sus exigencias ante los occidentales. La delegación palestina, por ejemplo, aceptó eliminar un párrafo sobre la reciente ofensiva israelí contra Gaza.

"No es de extrañar que el documento aprobado haya sido descrito por muchos de los que han intervenido como algo que no satisface a nadie", señala Miguel Alfonso Martínez, profesor titular del Instituto Superior de Relaciones Internacionales en La Habana y miembro del comité asesor del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. "Y es un documento que es un compromiso que ha tenido que lograrse sobre la base de las condiciones que se dan hoy día en esta atmósfera internacional".

Se habló de racismo, pero no de los racistas
"Se pudo hablar de racismo, mas no se pudo hablar de los racistas", es una de las conclusiones a las que llega el embajador, Germán Mundaraín Hernández, representante permanente de Venezuela en la sede la ONU en Suiza, quien se congratula por un hecho que habla de obligación moral y voluntad política regional: "Tenemos la satisfacción de que ningún país de América Latina y el Caribe se retiró de este evento", afirma.

Para Mundarín Hernández, uno de los oradores latinoamericanos más aplaudidos en el plenario, "la obligación del mundo es que los grandes crímenes produzcan la indemnización de las víctimas y el castigo para sus responsables".

A juzgar por sus palabras y las de muchos otros participantes en la Conferencia Durban+8, los avances son todavía muy modestos, máxime cuando ahora la globalización y el neoliberalismo agravan la discriminación racial y la xenofobia, sin que se avizore una reparación o disculpa por parte de quienes, a través de los siglos, impulsaron la esclavitud, conquista y dominación de muchos pueblos.

¿Durban III? Dependerá de la voluntad de los gobiernos y de no volverse prisioneros de lo vivido en este examen de Ginebra y actuar juntos por un mundo sin odio, con justicia y, sobre todo, sin prácticas discriminatorias.

(Este artículo lo publiqué originalmente en Informa RN, la página web de Radio Nederland)

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